Hace una semana, publiqué la primera parte de la historia de amor entre Aisha y Gibrán que transcurre en un mercado municipal de India.

El rayo de tus ojos- primera parte

Aquí tenemos, la segunda y última parte del rayo de tus ojos. Deseo que te guste, disfrutes del viaje, del ambiente y su tierna historia.

 CUATRO

Sin darnos cuenta, fuimos creando un sistema de rutinas, de pequeños y maravillosos momentos de intimidad. Yo siempre la esperaba. Me hacía el encontradizo, al empezar y acabar el día, y soñaba con el momento en que nos quedábamos solos. Notaba que nuestros encuentros le hacían feliz y que disfrutaba con mi compañía.

Aisha..

 

 

 

 

Se llamaba Aisha. Era alegre, cálida y espitosa. Todo el día reía, y con todos tenía una palabra amable. Desprendía vitalidad y luz. Era muy activa, trabajadora y sociable. Siempre estaba rodeada de gente y se la veía feliz. Me gustaba observarla desde lejos, y ver cómo se relacionaba con unos y otros, y como no paraba de hablar… A veces, nuestras miradas cómplices se cruzaban en la distancia. Siempre, tenía un discreto beso al vuelo o un guiño para mí. Esos detalles, me reconfortaban, y me hacían sentir el hombre más afortunado, si no del mundo, sí del mercado

Reconozco, eso sí, que la prefería cuando estaba serena y recogida, en la intimidad de nuestros pequeños encuentros, cuando me dedicaba unas miradas tan cercanas, dulces y sugerentes.

 Ella me decía, que ella, era ambas cosas: enérgica y vivaz, en ocasiones; intimista, tranquila y cercana, en otras ; espitosa y nerviosa o pausada y reservada; locuaz y extrovertida o callada e introvertida…y que yo le aportaba calma y sosiego.

Paseando por la orilla del rio.

En más de una ocasión, me invitó a quedar fuera del trabajo, a pasear por la ciudad o a ir a alguna fiesta popular. Me apetecía muchísimo, pero mi timidez y mis bloqueos con la mujeres, me frenaban, y con ella más. Su manera de actuar directa y sincera, no me incomodaban, pero me descolocaba. Era todo un reto para mi.

Mirando a Aisha de lejos.

 Deseaba poder corresponder a sus abrazos, a sus caricias, a sus invitaciones, en la seguridad de que no me iba a rechazar; poder sentirla más cerca; ser dulce y cariñoso como ella, que iba repartiendo besos y abrazos, por doquier.

 Todos mis intentos, se quedaban en eso, en intentos. El tiempo pasaba y yo no hacía nada. Veía como los chicos le decían cosas, tenían atenciones con ella. Ella, por su parte, era toda sonrisas con ellos, sin comprometerse con nadie ni dar falsas ilusiones.

 Hoy hemos hablado sobre mis miedos y mis bloqueos. Me ha dicho que no me agobie. Que deje que el proceso siga su curso y que cuando la fruta esté madura, caerá por su propio peso. Que estoy haciendo un buen trabajo interior que mucha gente no se molesta en hacer; que ir descubriéndonos, es un camino duro y para toda la vida; y que dará sus frutos a largo plazo. Dice que disfrute del camino y que deje que las emociones salgan.

 Siento que me acepta como soy, que no me juzga y tiene paciencia. Siempre responde con una sonrisa o con indirectas de humor negro, a mis pequeños rechazos, o con una dulce mirada, me dice que no pasa nada, que las cosas han de fluir y no se deben forzar…

 Me ha recomendado que deje que mis emociones se liberen y que cuando me enfrente al miedo y lo atraviese,  me daré cuenta de que no es para tanto.

La puerta de mi corazón…

Admiro su entereza, paciencia e insistencia en cuidar su relación conmigo, aún cuando sabe, que no sé cuándo estaré listo o si lo estaré algún día. Además nunca hemos hablado sobre qué es lo que siente y quiere cada uno. ¡Todo es pura sutileza, deseo, imaginación e intuición!

 Yo le he dicho que cuando eso pase, será la primera persona a la que llame para decírselo. Me ha dado las gracias.

Me ha dicho que será feliz de saberlo, aunque, tal vez, para entonces, ya no esté por aquí o ya no esté así. ¿Así cómo? Y me quedé con la duda…

 

 

 

CINCO

Gibrán.

Hoy Gibrán y yo hemos tenido otra larga conversación. Estoy contenta de que la tristeza del sábado, cuando al final no vino, no me amargara el fin de semana, ni me influyera en mi comportamiento hacia él. Tenía claro que no era nada personal conmigo, sino que es su vivencia personal.

 Por eso, hoy, dejando de lado mis sentimientos (que se quedarán en otro plano, ahora, ya sí) y a mi ego (porque a nadie le gusta que le rechacen), me he acercado a él, ignorando su frialdad, siendo dulce y cariñosa, pero más templada.

Se ve que eso, le ha calmado y a medida que ha pasado la mañana estaba más tibio. Al quedarnos solos, de forma muy sutil, me ha venido a confirmar lo que veo y noto. Que tiene miedo. Que su dolor interno por sus vivencias personales le paraliza, le impide avanzar.

 Dentro de él hay una lucha constante entre el Gibrán del pasado y el Gibrán que puede llegar a ser,  alegre, con luz y seguridad, pero que todavía esta por salir. Me ha hecho la analogía de la oruga a punto de convertirse en mariposa. Me ha conmovido porque es una figura con la que me siento muy identificada.

 Sé que Gibrán y yo nos hemos cruzado para darnos luz y curar nuestros traumas infantiles. A mí, me da tranquilidad, estabilidad y me ayuda a curar viejas heridas, aparte de hacer renacer las ganas de compartir algo tan bonito, tierno y sincero. Me gusta la energía que fluye entre ambos y lo cómodos que estamos. Y observo su lenguaje corporal. ¡Y expresa tanto! Veo cómo a medida que se abre, va haciéndose más cercano, tierno y más sensible.

 He de reconocer que prefiero disfrutar de estos momentos de cercanía, que llevarlo a otro plano. No deseo perder esta maravillosa intimidad, preciosa amistad y amor platónico que estamos teniendo. Hablamos a un nivel tan profundo de sentimientos, como no lo había hecho con apenas nadie. Sólo por esto, ya ha valido la pena conocernos. El tiempo dirá a dónde nos lleva.

SEIS

Colores y olores de la India.

Siento como el sonido de mi corazón se acelera, cuando noto su presencia, cuando percibo su olor y cuando me sumerjo en su risa y sonrisa…

 La mejor manera de saber si le interesamos a otra persona, es ver cómo se sitúa a nuestro lado, si al sentarse elige un sitio cercano o si al andar acompasa su paso al nuestro. Cuando somos objeto de deseo de alguien, éste suele acercarse a nosotros mostrándose confiado y accesible, sus brazos suelen estar relajados y en posición abierta y los pies dirigidos en nuestra dirección. Que las cosas se caigan de las manos o una cierta torpeza en los movimientos son signos de que la persona que tenemos delante está nerviosa en nuestra presencia…todo esto me lo noto cuando Aisha está cerca y se lo noto a ella también..

Leyendo el corazón.

Sueño que me acerco a ella, que la abrazo por la cintura, que le beso. Sueño con abrirle mi corazón. Entonces ¿por qué no puedo corresponderle?, ¿por qué  rechazo sus invitaciones, o sin yo quererlo le hago pequeños desprecios, como cuando le digo que tengo otras prioridades en mi vida, antes que quedar con ella?

 Mi corazón se encogió cuando, tan directa como siempre, me dijo que el día que le avisara de que estaba listo, sería feliz, pero tal vez ella ya no estaría…

 Hoy intentaré llamarla. ¿Superaré el intento con éxito? Mejor dicho, como dice el Maestro Yoda: “no lo intentes, hazlo o no lo hagas”. ¿Lo haré?

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